domingo, 28 de agosto de 2016

NOTICIAS - FAMILIA

La «marcha» de los jóvenes españoles cada vez se apaga antes




Las horas de ocio de los jóvenes disminuyen, pero su intensidad aumenta


La mitad de los jóvenes españoles coincide en que salir por la noche les permite hacer algo diferente y el 30% añade que les da sensación de libertad. El estudio «La marcha nocturna: ¿Un rito exclusivamente español?» realizado por el Centro Reina Sofía, centro privado creado por la FAD, afirma que los jóvenes entre 16 y 29 años disfrutan de cerca de 41 horas de ocio a la semana. Los fines de semana y períodos de vacaciones, como el verano, influyen a este aumento con la oferta de un mayor número de lugares de ocio.

Además, se ha producido un cambio en la manera de «salir de fiesta» de la juventud española, ya que del 78% que sale por las noches un 30,4% asegura volver a casa antes de las 2 de la madrugada. Tan solo el 12,7% de jóvenes vuelve a casa pasadas las seis de la mañana. También se calcula que aproximadamente la mitad de aquellos que afirman salir por la noche lo hacen solo una o dos veces al mes, mientras que cerca del 30% afirma salir cada fin de semana.

Esto puede deberse a la adopción del patrón de «consumo nórdico» donde los jóvenes se reúnen para realizar una ingesta de alcohol en grandes cantidades, pero en un lapso de tiempo pequeño. Por otro lado, son las mujeres quienes vuelven a casa varias horas antes que los hombres y por edades, los de 20 a 24 alargan más la fiesta nocturna que los que recientemente acaban de cumplir la mayoría de edad.

En cuanto a las actividades preferidas durante las noches de fiesta, los bares, cafeterías y pubs están ganando terreno, y con mucha diferencia, a los conciertos o el botellón, a los que tan solo acuden entre el 13 y 18% de los jóvenes. Sin embargo, este tipo de ocio de bares también se encuentra en disminución en comparación con años anteriores, cuando en 2004 un 79,7% de españoles optaban por ello, ahora se ha visto disminuido a un 62,6%.





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FRASES - FAMILIA







REZA EN FAMILIA

Oración de los padres por los hijos




Señor, Padre bueno,

te damos gracias por habernos dado estos hijos.


Es una alegría para nosotros,

y las preocupaciones,

temores y fatigas

que nos cuestan,

las aceptamos con serenidad.


Ayúdanos a amarlos sinceramente.

A través nuestro has hecho surgir vida;

desde toda la eternidad

tú los conocías y amabas.

Danos sabiduría para guiarlos

paciencia para instruirlos

vigilancia para

acostumbrarlos al bien

mediante nuestro ejemplo.


Fortaleces nuestro amor

para corregirlos

y hacerlos más buenos.


Es tan difícil a veces comprenderlos

ser como ellos nos desean, ayudarlos a hacer su camino.



Enséñanos tú Padre

bueno por los méritos de Jesús

tu Hijo y Señor nuestro. Amén




INTERÉSATE - FAMILIA

Las familias tienen que esperar entre cuatro y ocho años para adoptar a hijos en territorio nacional o en otros países




El día que Leyre dijo “papá” por primera vez, Fernando, de 37 años, y Laura, de 36, sintieron que habían cumplido el deseo de formar una familia, tras ocho años intentándolo. Ese fue el tiempo en que la pareja de madrileños tuvo que esperar para adoptar a la niña vietnamita, que acaba de cumplir 18 meses y que llegó a casa en junio. Esa demora ha provocado una brusca caída en el número de personas interesadas en adoptar tanto en territorio nacional como internacional. Entre 2010 y 2014 las nuevas solicitudes de adopción en España – donde el tiempo de espera es de cuatro a ocho años – se redujeron a la mitad (de 3.376 a 1.431), según los datos del Ministerio de Sanidad, Seguridad Social e Igualdad.

En el mismo período también han bajado en un 72% (de 5.000 a 900) las solicitudes internacionales, porque los plazos en el exterior no han dejado de alargarse. Entre 2005 y 2010, cuando hubo un boom de adopciones en otros países, superando las 5.000, el tiempo medio de espera era de dos años. Actualmente, ese plazo puede llegar a los ocho años, según CORA (Coordinadora de Asociaciones en Defensa de la Adopción y el Acogimiento). La ratificación del Convenio de La Haya, que protege mejor el interés y el cuidado del menor, pero que endurece los requisitos, y el cambio de políticas de adopción en países como Rusia o China justifican las cifras. “Priero esos estados intentan que los niños sean acogidos dentro de la propia familia o en el mismo país. Solo si no se cumplen esas expectativas pueden ser asignados por extranjeros”, explica Benedicto García, coordinador de CORA (Coordinadora de Asociaciones en Defensa de la Adopción y el Acogimiento).

Por eso Fernando y Laura decidieron adoptar en Vietnam, con la ayuda de una entidad colaboradora en la adopción internacional (ECAI). Aun así, vivieron una odisea burocrática. Empezaron los trámites en 2008, cuando el país acaba de abrir relaciones con España. “Nada más empezar, hubo una avalancha de interesados en adoptar allá y tardamos en entrar en la lista de espera”, cuenta Laura. Luego España cortó por un año las relaciones con Vietnam, que cambió su ley de protección a los menores, lo que significó otros dos años de espera. Por fin, entre 2010 y 2011, el país asiático decidió que solo daría en adopción a niños con hermanos, necesidades especiales o algún grado de discapacidad. Fernando y Laura solo pudieron tener a Leyre porque la niña sufre una dermatitis atópica.

Si hubiese tenido que esperar más, la pareja no hubiera podido tener una hija, ya que en España el límite de edad para solicitar la adopción es de 40 años. “Hay que empezar los trámites a los 35 años, aproximadamente, porque cuando te asignan un hijo ya tienes entre 40 y 45”, afirma Benedicto García. El coordinador de CORA asegura que esa es otra razón por la que han descendido las solicitudes. “A esa edad, la mayoría de las personas no tiene una vida económicamente estable y no se plantea tener una familia”, señala García.

Espera en doble fila


Para aumentar las posibilidades de tener un hijo, muchas familias optan por apuntarse a las listas de adopción nacional e internacional a la vez. Fue lo que hizo García, hace 25 años. Él y su pareja lo intentaron en España y, después de cuatro años de espera, empezaron a tramitar la adopción en India, donde tuvieron a una hija dos años después. Cuando la niña llevaba un año en casa, se les asignó, tras siete años de haber empezado el proceso, un hijo español.

Lo mismo les pasó a José Antonio y Mari Ángeles, una pareja que no podía tener hijos biológicos y que decidió adoptar en 2000. En aquel momento, las listas españolas estaban cerradas, por lo que decidieron probar suerte en India. En 2005, su primer hijo llegaba a casa, con dos años. Cuando todavía tramitaban la adopción en Asia, España abrió las solicitudes y ellos se apuntaron. En 2007, conocieron a su hijo español, con tan solo 12 días de vida. “Cuando eres padre adoptivo, no eliges cuantos hijos vas a tener, ni cuándo. Eso depende de la burocracia. Lo único que puedes hacer es estar preparado para todo”, afirma José Antonio.

Fernando y Laura emprenden el mismo camino. Quieren dar un hermano o una hermana a Leyre y están en la lista de espera para adoptar en España. Se preparan para otra “gestación” larga, pero esta vez con menos ansiedad. “La primera adopción es muy dura. Sabes cuando empiezas, pero no sabes cuándo va a acabar, o si acabará bien. Ahora que ya somos una familia nos sentimos más preparados para seguir intentándolo”, cuenta Fernando.







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EDUCA FAMILIA

Los millennials son la generación que mayor predisposición muestra por ayudar a la familia


Existen responsabilidades que, con independencia a qué generación pertenezcamos, son unánimes para todos. Por ejemplo, ¿quién no ha pensado en el dinero que tiene que ahorrar para su jubilación? ¿O qué padres no se han pasado más de una noche en vilo calculando cómo pagar la universidad de sus hijos?

El un estudio realizado por MetLife se demuestra que existe un fuerte deseo en la sociedad por proveer económicamente a los más allegados. De hecho, son las personas más jóvenes las que mayor predisposición muestran por ayudar a los hijos (un 85% de la Generación Y o millennials) —quizá por toda la ayuda económica que han recibido de sus padres desde la juventud— frente al 77% de los Baby Boomers.

Facilitar la mejor educación posible


Entre las prioridades de los padres está la de facilitar a sus hijos la mejor educación posible: nueve de cada diez encuestados entienden que los progenitores tienen, al menos, una leve responsabilidad económica para apoyar la educación superior de sus hijos, y casi la mitad del total (48%) eleva su opinión a que es una obligación absoluta.





Apoyo en los reveses financieros


Debido a la situación económica que hemos atravesado los últimos años, hemos tenido que demandar en mayor medida ayuda a nuestros mayores. En este sentido, un 44% de los encuestados reiteran que consideran una responsabilidad absoluta apoyar a su hijo adulto en caso de que éste atraviese un revés financiero. No es de extrañar por tanto, que sean los más jóvenes (49% de la Generación Y) los que consideren que los padres tienen una responsabilidad definida de ayudar con dinero en tiempos de precariedad financiera.

¿Cómo protegerse?


Por otra parte, ¿cómo actúan las personas ante la muerte de un familiar cercano? El 78% de las personas cree que existe un compromiso de asegurar la economía de la familia en este caso. Un poco más de la mitad (52%) sienten el deber de proteger a los hijos, siendo los Baby Boomers (38%) los menos preocupados por esta cuestión y los ‘millennials’ (63%) los que más.

En relación a las parejas, existe cierta confianza de que ésta no tendrá problemas para mantener su nivel financiero. Quizá por eso un tercio de las personas estima que solo hay que ofrecerles un sustento económico para ayudar a mantener el estilo de vida un máximo de 10 años. Los más jóvenes son los más proclives a defender esta idea (Un 36% de la Generación X y un 47% de la Generación Y). En cambio, el 36% afirma que es necesario afianzar la economía del viudo/a para el resto de su vida, fundamentalmente los Baby Boomers (44%).

La pregunta ahora es, ¿cómo aseguran estas personas el futuro de sus más allegados? Tres de cada cuatro personas poseen una póliza. Es interesante observar como el porcentaje de personas que tienen un seguro de vida incrementa a medida que avanza la edad. Los ‘millenials’ (55%) son los menos preocupados a la hora de estar asegurados en contraste con los Baby Boomers (82%).

En definitiva, desde la educación universitaria de los hijos hasta los planes de jubilación, todas estas decisiones se acometen en base a nuestras responsabilidades y obligaciones familiares.




FRASES - FAMILIA






PALABRA DE DIOS

Domingo 28 de Agosto de 2016  -  XXII del Tiempo Ordinario – Ciclo C -


Lectura del Santo Evangelio según san Lucas (14, 1.7-14)

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: “Cédele el puesto a éste.” Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba.” Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»


Palabra de Dios




EVANGELIO COMENTADO: SIN ESPERAR NADA A CAMBIO


Jesús está comiendo invitado por uno de los principales fariseos de la región. Lucas nos indica que los fariseos no dejan de espiarlo. Jesús, sin embargo, se siente libre para criticar a los invitados que buscan los primeros puestos e, incluso, para sugerir al que lo ha convidado a quiénes ha de invitar en adelante.

Es esta interpelación al anfitrión la que nos deja desconcertados. Con palabras claras y sencillas, Jesús le indica cómo ha de actuar: «No invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos». Pero, ¿hay algo más legítimo y natural que estrechar lazos con las personas que nos quieren bien? ¿No ha hecho Jesús lo mismo con Lázaro, Marta y María, sus amigos de Betania?

Al mismo tiempo, Jesús le señala en quiénes ha de pensar: «Invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos». Los pobres no tienen medios para corresponder a la invitación. De los lisiados, cojos y ciegos, nada se puede esperar. Por eso, no los invita nadie. ¿No es esto algo normal e inevitable?

Jesús no rechaza el amor familiar ni las relaciones amistosas. Lo que no acepta es que ellas sean siempre las relaciones prioritarias, privilegiadas y exclusivas. A los que entran en la dinámica del reino de Dios buscando un mundo más humano y fraterno, Jesús les recuerda que la acogida a los pobres y desamparados ha de ser anterior a las relaciones interesadas y los convencionalismos sociales.

¿Es posible vivir de manera desinteresada? ¿Se puede amar sin esperar nada a cambio? Estamos tan lejos del Espíritu de Jesús que, a veces, hasta la amistad y el amor familiar están mediatizados por el interés. No hemos de engañarnos. El camino de la gratuidad es casi siempre duro y difícil. Es necesario aprender cosas como estas: dar sin esperar mucho, perdonar sin apenas exigir, ser más pacientes con las personas poco agradables, ayudar pensando solo en el bien del otro.

Siempre es posible recortar un poco nuestros intereses, renunciar de vez en cuando a pequeñas ventajas, poner alegría en la vida del que vive necesitado, regalar algo de nuestro tiempo sin reservarlo siempre para nosotros, colaborar en pequeños servicios gratuitos.

Jesús se atreve a decir al fariseo que lo ha invitado: «Dichoso tú si no pueden pagarte». Esta bienaventuranza ha quedado tan olvidada que muchos cristianos no han oído hablar nunca de ella. Sin embargo, contiene un mensaje muy querido para Jesús:

«Dichosos los que viven para los demás sin recibir recompensa. El Padre del cielo los recompensará».